Los cereales – con casi 500 géneros y alrededor de 5.000 especies- pertenecen a la familia de las Gramináceas.
Como para la mayor parte de las especies vegetales existe una amplia gama de variedad con características comunes, diversas y bien distintas de aquellas de otras especies y con diversas características productivas, de adaptabilidad, resistencia a las enfermedades y calidad.
Desde un punto de vista nutricional los cereales representan una optima fuente de carbohidratos (almidón y fibra alimenticia), una discreta fuente de proteínas, de minerales y vitaminas. Estudios recientes han evaluado también la contribución de los cereales en el aporte de fitocompuestos tales como flavonoides, ácidos fenólicos, ligninas, carotenoides y fitoestrogenos (1, 2, 3, 4).
Un poco de historia…
Los cereales son conocidos por el hombre desde el período arcaico cuando se da cuenta de que los granos de cereal podían ser conservados en el tiempo y fácilmente, que poseían elevada capacidad nutritiva y que podían además, constituir una integración a la escasez de animales para la caza.
La recolección espontánea de los cereales fue el primer paso hacia la cerealicultura que se difundió aproximadamente hace 10.000 años contribuyendo –junto a las primeras formas de cría– al nacimiento de las primeras civilizaciones mediterráneas. La cerealicultura tuvo sus inicios en los territorios de Siria, Palestina, Curdistán (medialuna fértil) mientras que su difusión esta ligada al flujo migratorio que ha alcanzado toda la costa del Mediterráneo.
¿Pero por qué cereales – cereales menores e pseudocereales?




